¿El carro eléctrico de baterías genera emisiones de CO2?


En la última década, hemos sido testigos del aumento en la oferta de modelos de carros eléctricos alrededor del mundo, tanto híbridos como eléctricos. Esta tecnología ofrece un beneficio neto en cuanto a reducción de CO2 comparada con los motores alimentados con gas natural, Diésel o de gasolina. Sin embargo, no es enteramente libre de emisiones como uno se pudiese imaginar. De hecho las emisiones de CO2 pueden ser atribuidas a los vehículos eléctricos y varían con el tipo de red eléctrica de la cual se alimentan, dado que éstos pasan a tomar el factor de emisiones de CO2 de estas redes.
En este sentido y aunque de una forma más bien simplista, podríamos decir que una persona que use su vehículo eléctrico en un país en el que su matriz energética estuviera constituida en un 90% por fuentes renovables, estaría enviando a la atmósfera menos CO2 que una persona que utiliza el mismo vehículo en otro país en el que la contribución de fuentes renovables es solo el 40%. En otras palabras el beneficio neto de reducción de emisiones de CO2 por el uso de un vehículo con un motor 100% eléctrico es relativo en cuanto a que depende del país o región en el que se utilice.
Para ilustrar este punto, en el año 2014, un grupo de científicos en los Estados Unidos llevaron a cabo un estudio para evaluar las emisiones promedio de GEI de carros eléctricos recargables que operan con baterías. Los resultados mostraron que:

  • para aquellas regiones en las cuales la electricidad es generada mediante gas natural, hidro-electricidad, energía nuclear o cualquier otra fuente no renovable, el potencial de los carros eléctricos recargables en cuanto a la no-generación neta de GEI es muy significativa.
  • para el caso de regiones en las que la mayor cantidad de electricidad es generada con carbón, los resultados son muy interesantes. Se encontró que para este caso, los carros híbridos (motor de gasolina-motor eléctrico) producen en realidad una cantidad menor de emisiones de CO2-equivalente comparado con los eléctricos recargables- y que a su vez el carro compacto de gasolina más eficiente produce ligeramente menos emisiones de CO2 que el carro eléctrico recargable.

Revisando un poco más en detalle los resultados, el estudio mostró que en el peor escenario (Estados en los cuales la energía proviene de carbón), un carro eléctrico recargable emitiría GEI equivalentes a las de un carro de gasolina con una economía de consumo de combustible de unos 7.8 litros por 100 kilómetros. En contraste, en aquellos estados que dependen del gas natural para su generación de electricidad, los carros eléctricos recargables son equivalentes a un vehículo de gasolina con una economía de consumo de combustible de unos 4.7 litros por 100 km.
 ¿Pero qué pasa en Latinoamérica?
 En Latinoamérica encontramos a modo general tres grandes casos:

  • países que tienen una matriz bastante limpia con gran participación de renovables,
  •  países que tienen una matriz medianamente limpia y finalmente,
  • los que tienen una matriz basada en combustibles fósiles.

Sólo en el primer caso, los beneficios en cuanto a la reducción de emisiones de CO2 por usar un carro eléctrico de baterías son aprovechados.  De ahí la necesidad de afianzar y extender las inversiones para de-carbonizar las matrices energéticas en Latinoamérica, utilizando así todo el potencial disponible en la región. De esta forma podríamos captar más beneficios para el sector transporte y preparar el camino para el uso de tecnologías híbridas y de baterías en Latinoamérica. Pero… ¿qué podemos hacer mientras tanto? Pensemos primero en una fase a corto plazo, en la cual el mejoramiento de la eficiencia de los motores, el uso de gas natural para transporte y el desarrollo de proyectos piloto en tecnología de baterías podría ayudarnos a llegar a un escenario en el mediano plazo bajo el cual el sector transporte y el de generación eléctrica contribuyan significativamente con las metas de reducción de emisiones de CO2 de los países tal y como ha sido presentado en los documentos de Contribución Nacional Determinada.
Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo

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