Así se debe ver un Lamborghini de verdad


El Lamborghini Huracán Rear-Wheel-Drive Spyder 2017 y su predecesor, una versión de doble tracción, son virtualmente idénticos. Aparte de un sutil ensanchamiento de las tomas de aire delanteras y de frenos de aluminio especialmente contorneados a los efectos de aumentar la carga aerodinámica, cualquiera se enfrentaría una fuerte presión para elegir el más nuevo en una exhibición.
 
Eso plantea una pregunta: ¿Por qué gastar 20 mil dólares más en la versión RWD, sobre todo dado que es más complicado de conducir?
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Mi respuesta: exacto.
Si uno está buscando un Lamborghini, lo hace porque busca una sensación por completo diferente cuando lo conduce en comparación con cualquier otro auto del mercado actual. Es probable que el comprador también quiera señalar que el gasto adicional tiene poco impacto en su cuenta bancaria.
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El Lamborghini Huracán RWD Spyder 2017 (conocido también como Huracán LP 580-2 Spyder) encarna lo que un Lamborghini moderno es y debe ser: un auto cautivante en el plano visual, de enorme potencia, algo peligroso y cuya conducción genera un entusiasmo extraordinario.
Los competidores que más se acercan al Huracán RWD Spyder son el Ferrari 488 GTB y el McLaren 675LT. Los dos utilizan tracción trasera, cuestan muy por encima de 200 mil dólares y tienen un aspecto inconfundible. Cuando se ve un McLaren o un Ferrari, se sabe qué es lo que se está viendo.
El Huracán RWD Spyder tiene un aspecto mucho más extraño en la calle debido a su techo plano, a la cintura trasera cincelada y las salidas de aire abiertas. Cuando se lo conduce, se recibe más amor y más odio que cuando se está al volante del McLaren o el Ferrari, y lo digo por experiencia, ya que he conducido los tres.
En el plano visual es una verdadera novedad, sobre todo si se compra la versión convertible en lugar del coupé Huracán. Completa la imagen de primera línea y de abierta audacia que se quiere al comprar la marca.
El techo se despliega en 17 segundos aunque el auto esté en marcha a 50 kilómetros por hora. ¿Qué mejor que escuchar ese motor V10 de 580 caballos de fuerza y asegurarse de que todos se enteren de que se es el afortunado (y valiente) conductor que está al volante? Es la más pura vanidad Lamborghini, y en un nivel al que no se llega con un auto de techo fijo.
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Un consejo: hay que abrazar esa vanidad para conducir un Lamborghini, pero hay que moderar el propio aspecto antes de ponerse al volante. El auto ya es suficientemente delirante sin necesidad de un atuendo llamativo que nos haga ver ridículos.
Un elemento de similar desquicio acecha en el interior. La mayor parte de los autos de lujo son ejercicios de estilo personal en lugar de transmitir una sensación extraordinaria cuando se los conduce, pero este Lamborghini se conduce como si procediera de un universo diferente.
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Si conducir el McLaren tiene la precisión de una neurocirugía y conducir el Ferrari tiene la belleza de una ópera, estar al volante del Lamborghini, impredecible y obstinado, es como incorporarse al elenco de “Rápido y Furioso”.
Fuente: Autos EF