Reforma fiscal en EU afectaría competitividad de México


Reducir las tasas impositivas y aplicar un impuesto a los productos importados son los dos ejes principales de la propuesta de reforma fiscal que impulsa el nuevo gobierno de los Estados Unidos, encabezado por Donald Trump.

 
El primero propone reducir la tasa de Impuesto Sobre la Renta (ISR) para personas físicas y morales, con el propósito de hacer más atractivo al país norteamericano ante los ojos de los inversionistas; y el segundo consiste en la aplicación de un Impuesto de Ajuste Fronterizo (BAT, por sus siglas en inglés) –se habla de un 20%- a las importaciones, para compensar esta reducción.
 

El impacto que esta iniciativa tendría en los países que hacen negocios con los Estados Unidos sería considerable, sin embargo, en México, país vecino y uno de sus principales socios comerciales, podría ser mayor.
En primer lugar, si la reforma fiscal en EU es aprobada por el Congreso estadounidense, sin aplicar ningún cambio al borrador que el gabinete de Trump ha dado a conocer, México automáticamente perdería competitividad. Y es que al reducir los Estados Unidos su tasa de ISR, por simple comparación de tasas de impuestos, nuestro país saldría perdiendo.
Ante este panorama, uno de los caminos que México podría seguir es el de reducir su tasa de impuesto corporativo, aunque esta situación necesariamente implicaría un incremento en las tasas de impuestos indirectos o en las tasas de impuestos a las personas físicas.
En ese sentido, nuestro país tiene un breve margen de maniobra en materia fiscal, el cual, si bien puede significar ciertas modificaciones, no representaría ningún cambio estructural relevante.
Y es que como muestra la edición 2016 del estudio Reporte de Ingresos, de la Organización para la Cooperación y el desarrollo Económicos (OCDE), la estructura fiscal de México, pareciera ser la adecuada, no es muy diferente a la de otros países miembros del organismo.
Por esta razón, la misión principal de las autoridades fiscales mexicanas, en este caso, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, podría ser la de redoblar los esfuerzos de fiscalización y redoblar los esfuerzos para incrementar la base de contribuyentes, necesariamente.

Los posibles efectos

Dependiendo de su tipo de actividad e ingreso, o bien de la estructura corporativa con la que operen en el país vecino, estas compañías podrían estar sujetas a reglas anti diferimiento de impuestos, es decir, podrían estar expuestas al pago de impuestos en México, independientemente de que no repatriarán sus utilidades.
Otra implicación importante podría recaer sobre el acreditamiento de impuestos pagados en el extranjero, pues las tasas de impuestos que se tengan tanto en los Estados Unidos como en México afectan en ambos sentidos, tanto en las inversiones mexicanas que se tienen en nuestro vecino del norte como en las inversiones de estadounidenses en nuestro país.

Apuesta por la competitividad

Por un lado, podría acelerar la puesta en marcha del programa de Zonas Económicas Especiales, el cual busca impulsar el potencial de diversas regiones del país para convertirlas en áreas altamente productivas.
Asimismo, podría incrementar los incentivos para la inversión e incluso ampliar los incentivos fiscales que ya conocemos.
Finalmente, las autoridades necesitarían alejarse de la visión que han mantenido en los últimos años, enfocada en la inversión extranjera, y voltear la mirada hacia el mercado interno, conocer sus fortalezas y crear mecanismos que detonen una mayor inversión local.

Si Estados Unidos reduce su tasa impositiva y con ese solo hecho logra volverse más atractivo para nuevas inversiones, ¿qué podría hacer México para no perder competitividad frente a este país?

 
 
Fuente: Deloitte