Tiembla la industria automotriz en México


En la renegociación del TLC se pide al sector elevar el salario de los trabajadores mexicanos

 Durante años, la industria automotriz estadounidense encontró en México una mano de obra barata que se fue deteriorando hasta pagar en casos extremos sólo un dólar por hora para festín de empresarios, gobierno y sindicatos mexicanos que atrajeron inversión con bajos salarios hasta que Donald Trump puso el grito en el cielo porque su país no ha podido competir.

El tema volvió a la mesa desde que iniciaron las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), el pasado 16 de agosto con una propuesta de los negociadores de EEUU que quieren reducir la desventaja de los salarios con una sencilla ecuación.

Incrementar la exigencia de que un auto sea considerado estadounidense si y solo si el 80% de sus partes se fabrican en su país en lugar del 62% que se exige actualmente. Robert Lighthizer, el hombre clave de Trump en el TLCAN, declaró que una de las principales demandas de Washington será conseguir un aumento sustancial de contenido estadounidense en el sector automóvil.

“Miles de estadounidenses trabajadores han perdido sus empleos por las provisiones del TLCAN”, dijo.

La advertencia puso temblar al sector mexicano que hasta el momento tiene un superavit comercial de México con EEUU que Washington cifró en 64,000 millones de dólares en 2016.

Desde que el tratado entró en vigor hace 23 años 10 plantas de montaje han cerrado en Estados Unidos y cuatro en Canadá. Estas últimas plantas se encuentran ahora en México.

“Nosotros tenemos mano de obra de excelencia capaz de competir en cualquier parte”, presumió Emilio de Jesús Ramírez Guerrero, dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en San Luis Potosí para conmemorar el Día del Trabajo el pasado primero de mayo.

Lo que no dijo es que esos trabajadores no prosperan su calidad de vida debido a que su sindicato –que es parte de un esquema llamado contratos de protección: acuerdos negociados entre una empresa y un sindicato que no representa legítimamente a los trabajadores– que son ilegales en Estados Unidos y Alemania en México son el pan de cada día.

La empresa Bloomberg documentó en junio pasado que poco después de que el director general de la automovilística BMW Harald Krüger regalara al presidente Enrique Peña un coche nuevo de paquete públicamente en Los Pinos la compañía recibió un contrato laboral firmado justamente por un representante estatal de la CTM con el visto bueno de la Secretaría del Trabajo .

El documento –detalló- establece un salario inicial de un dólar por hora y un salario máximo de 2.53 dólares para trabajadores de la línea de ensamblado.

“El acuerdo es un procedimiento común en México, donde los acuerdos laborales se establecen fábrica por fábrica en lugar de colectivamente para toda la empresa o industria”, detalló Lance Compa, conferencista de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de Cornell.

Contubernios y corrupción aparte, el caso es que miles de empleos en el sector automotriz están en juego ante las exigencias de los negociadores de Trump para hacer frente a la disparidad salarial, principalmente el de autopartes.

En el este sector, hay sólo tres empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV): Rassini que se especializa en componentes para sistemas de suspensión y frenos de automóviles; Nemak, productor de cabezas de motor y Gissa, especializada en la producción de calipers para sistemas de frenos; el resto son pequeñas empresas que prácticamente dependen de clientes exportadores a EEUU.

Fuente: El Diario nNY