Esta empresa fabrica los “ojos” de los autos autónomos


Velodyne es el principal fabricante de los sensores LiDAR, el radar de luz que permite a los autos “ver” lo que hay a su alrededor”. 
Segundos después de que David Hall digita un código, la reja eléctrica de su residencia se abre y permite ver una gran fuente de agua. Es un complejo amplio, pero no del tipo que esperarías de un emprendedor de tecnología considerado un pionero de la revolución de los vehículos autónomos. Hall, de 66 años, es CEO de Velodyne, la fabricante líder en sensores LiDAR, los “ojos” que permiten a los vehículos que se manejan solos ver lo que hay alrededor de ellos. Vive en medio de una destartalada colección de tejas y estructuras de metal cortas y bajas, construidas alrededor de una parcela de concreto en el área de la Bahía del pueblo de Alameda, California. Es su refugio favorito, parte hogar, parte taller, y el espacio donde este empedernido inventor serial puede trabajar en sus proyectos más queridos.

En uno de los extremos hay un cobertizo industrial del tamaño de un granero, donde Hall y un equipo de ingenieros trabajan en perfeccionar una de sus más recientes obsesiones: una tecnología patentada que mantenga la estabilidad de los botes en las aguas más turbulentas. Marta, su esposa y jefa del departamento de Desarrollo de Negocios en Velodyne, pinta y esculpe en un estudio de arte situado dentro de otro edificio. Dos de sus pickups Ford F-150 están estacionadas cerca de una grúa gigantesca que arrastra a los barcos dentro y fuera del agua. El hogar de Hall es, en sí, una casa flotante o, más bien, una gran estructura prefabricada y atornillada a una barcaza. Desde la sala puedes escuchar pequeñas olas rompiendo en las orillas del tranquilo canal que separa Alameda de la ciudad de Oakland. Es un mundo alejado del bullicio y el brillo agitado de Silicon Valley, donde Velodyne tiene sus oficinas centrales, y ése es el punto. “Soy un ingeniero”, dice el tímido Hall, refiriéndose tanto a su profesión como a su persona. “Soy básicamente un introvertido, un nerd adelantado a mi tiempo”.
Adelantado una década, de hecho. En 2006, Hall patentó uno de sus inventos: un sensor LiDAR giratorio de múltiples haces, que puso a Velodyne, aunque casi accidentalmente, al centro de una revolución que está sacudiendo a las industrias automotrices y de tecnología. Hall construyó el sensor LiDAR por un capricho. Velodyne, empresa que fundó en 1983, era un negocio exitoso, conocido por fabricar equipo de audio especializado. Pero siempre existía en su fundador la inquietud de seguir inventando. Entre las primeras cosas con las que Hall se obsesionó estaba un concurso que parecía fantástico: una carrera de vehículos autónomos patrocinada por el Departamento de Defensa. Prometía ser divertida y un excelente terreno de prueba para sus habilidades ingenieriles. Tras un par de años, Hall trabajó perfeccionando una unidad de LiDAR (acrónimo de luz, distancia y rango) que consistía en 64 rayos láser disparados por un pequeño motor eléctrico; el dispositivo se convirtió en uno de los equipos favoritos para ganar la carrera. “Era revolucionario”, dice William “Rojo” Whittaker, un robótico de la Universidad Carnegie Mellon y uno de los padres del movimiento autónomo vehicular.
Esas carreras, conocidas como los Retos DARPA, se convirtieron en el evento principal para los vehículos autónomos, y el LiDAR de Hall transformó para siempre a Velodyne, de una empresa familiar modesta, en una mercancía invaluable: una startup con 34 años de antigüedad, cuya tecnología está reinventando el transporte y la robótica. Hoy, Velodyne es el proveedor número uno de sensores vehiculares avanzados LiDAR y los vende a prácticamente todas las empresas automotrices y de tecnología que están construyendo o probando vehículos autónomos. GM, Ford, Uber y la empresa china Baidu son algunos de los grandes compradores, e incluso Caterpillar usa la tecnología de Velodyne para sus camiones gigantescos de minería, y Google ha sido uno de sus mayores compradores por años, aunque también está fabricando sus propios sensores. Ninguna compañía fuera de Velodyne produce unidades iguales y en suficientes cantidades para satisfacer la demanda creciente de la actualidad.
Vender picos y palas en la “fiebre del oro de la conducción autónoma” podría ser lucrativo. Velodyne, que sigue siendo una empresa privada, asegura que espera que sus ingresos alcancen los 200 millones de dólares (mdd) este año, y que la compañía sea rentable. Ha puesto la mirada en alcanzar la meta de vender 1,000 mdd, dice Mike Jellen, presidente de Velodyne, aunque no dice cuándo espera alcanzar dicha marca. La compañía está aumentando rápidamente la producción, siguiendo con una inversión de 150 mdd por parte de Ford y Baidu el año pasado. Fue la primera inversión externa que llega a la empresa desde que Hall recaudó 200,000 dólares (en su mayoría por parte de sus padres y su abuelo) para echar a andar el negocio. Velodyne no quiso revelar su valor, pero un cálculo hecho por Forbes, basado en la expectativa de ingresos, sugiere que su valor en el mercado ronda los 2,000 mdd. Se dice que Hall es dueño de más del 50%, lo que ubica su fortuna en más de 1,000 mdd. Jellen dice que una OPI podría ser posible entre 2018 y 2019.
Fuente: Forbes